Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —En todo caso —repuso Johnson— si el capitán, sea hombre o demonio, se presenta, se le recibirá; pero hay otra instrucción, o, mejor dicho, otro dato que sacar de la carta.
—¿Y cuál? —preguntó Shandon,
—Que no sólo debemos dirigirnos hacia la bahÃa Melville, sino también entrar en el estrecho de Smith.
—Tenéis razón —respondió el doctor.
—El estrecho de Smith —replicó maquinalmente Ricardo Shandon.
—Es, pues, evidente —repuso Johnson— que el destino del Forward no es buscar el paso del Noroeste, puesto que dejaremos a nuestra izquierda la única entrada que conduce a él, es decir, el estrecho de Lancaster. Se nos presenta, pues, una navegación difÃcil en mares desconocidos.
—SÃ; el estrecho de Smith —respondió Shandon—. Es el derrotero que, arrostrando algunos peligros, siguió en 1853 el americano Kane. Por espacio de mucho tiempo se le creyó perdido bajo aquellas espantosas latitudes. ¡En fin, ya que hemos de ir, iremos! Pero ¿hasta dónde? ¿Hasta el Polo?
—¿Y por qué no? —exclamó el doctor.
La suposición de aquella tentativa insensata hizo encogerse de hombros al contramaestre.