Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Todas, a excepción de la vuestra. Admito que el capitán, o un hombre de su confianza, ¿qué sé yo?, se ha podido aprovechar de la oscuridad, de la niebla, de lo que vos queráis, para deslizarse a bordo. No estamos lejos de tierra, y hay kaiaks de esquimales, que pasan inadvertidos entre los témpanos. Puede, pues, algún kaiak haber llegado hasta el buque y enviado la carta… La niebla ha sido bastante intensa para favorecer este plan.
—Y para impedir ver el bergantÃn —respondió el doctor—. Si nosotros no hemos visto a un intruso deslizarse a bordo, ¿cómo habrá podido él descubrir el Forward en medio de la niebla?
—Es evidente —dijo Johnson.
—Me afirmo, pues, en mi opinión —dijo el doctor—. ¿Qué opináis vos, Shandon?
—Cuanto vos queráis —respondió Shandon con fuego—, exceptuando la suposición de que ese hombre se halle a bordo.
—Acaso —añadió Wall— se encuentre en la tripulación un individuo de su confianza que haya recibido sus instrucciones.
—Tal vez —dijo el doctor.
—¿Pero quién? —Preguntó Shandon—. Yo les conozco a todos, vuelvo a deciros, desde hace mucho tiempo.