Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Señores —dijo—, vuestra opinión es seguramente muy buena, pero no puedo adoptarla.
—¿Y. por qué, Shandon? —preguntó el doctor.
—Porque las instrucciones de esta carta son formales y terminantes, y me mandan poner en conocimiento de la tripulación las felicitaciones del capitán. Hasta ahora he obedecido ciegamente sus órdenes, cualquiera que haya sido la manera de transmitirlas, y no puedo…
—Sin embargo… —repuso Johnson, que temÃa justamente el efecto de semejantes comunicaciones en el ánimo de los marineros.
—Mi buen Johnson —dijo Shandon interrumpiéndole—, comprendo vuestra insistencia; vuestras razones son excelentes, pero leed:
«Y os ruega manifestéis por ello a la tripulación su reconocimiento».
—Obrad, pues, en consecuencia —repuso Johnson, que era, ante todo, un estricto observador de la disciplina—. ¿Queréis que reúna la tripulación sobre cubierta?
—Reunidla —respondió Shandon.
La noticia de una comunicación del capitán circuló inmediatamente entre la gente de a bordo.
Los marineros llegaron sin demora a su puesto de revista, y el comandante les leyó en voz alta la carta misteriosa.