Aventuras del capitan Hatteras

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Se dobló durante la noche el cabo Chidley, bajo la influencia de un viento favorable, y luego se vieron levantarse en el extremo horizonte las elevadas montañas de Disko, dejándose a la derecha la bahía de Godhayn, residencia del gobernador general de los establecimientos daneses. Shandon no juzgó conveniente detenerse, y dejó muy pronto rezagadas las piraguas de esquimales que intentaban alcanzarlo.

La isla Disko se llama también la isla de la Ballena. Desde ella, el 11 de julio de 1845, Sir John Franklin escribió por última vez al Almirantazgo, y en ella también, el 27 de agosto de 1858, tocó el capitán McClintock, que regresaba a Inglaterra con las pruebas harto seguras de la pérdida irreparable de aquella expedición.

La coincidencia de aquellos dos hechos no pasó inadvertida para el doctor. Eran dos hechos, dependientes uno de otro, fecundos en desgarradores recuerdos; pero bien pronto las alturas de Disko desaparecían de la vista de la tripulación del Forward.

Había entonces en las costas numerosos icebergs, de aquellos que los más fuertes deshielos no llegan a derribar, y aquella sucesión continua de crestas presentaba las formas más extrañas.


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