Aventuras del capitan Hatteras

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El doctor sabía que la palabra esquimal significa comedor de pescado crudo, pero sabía también que este nombre es considerado en el país como una injuria, por lo que hizo todos los esfuerzos posibles para no llamar a los habitantes más que «groenlandeses».

Y sin embargo, con sus vestidos oleosos de piel de foca, con sus botas de lo mismo y con todo su conjunto grasiento e infecto, por el cual no se distinguían los hombres de las mujeres, era fácil reconocer el régimen dietético de aquellas gentes. Por otra parte, la lepra se los comía, como a los moradores de todos los pueblos ictiófagos.

El ministro luterano y su mujer, con los cuales el doctor se prometía echar más especialmente su cuarto a espadas, se hallaban girando una visita por la parte de Proven, al sur de Uppernawik, y por tanto, quedó reducido a conversar con el gobernador, que no era un prodigio de instrucción en ninguna ciencia. Con un poco menos de instrucción hubiera sido un asno; con un poco más, hubiera sabido leer.

El doctor, sin embargo, le interrogó sobre el comercio y los usos y costumbres de los esquimales, y supo, por medio del lenguaje de los gestos, que las focas, puestas en Copenhague, valían unas cuarenta libras; una piel de oso, cuarenta dólares daneses; una piel de zorra azul, cuatro, y dos o tres si era de zorra blanca.


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