Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Mientras estaba el doctor completando sus estudios etnográficos, Shandon, siguiendo las instrucciones que tenÃa recibidas, se ocupaba en procurarse medios de transporte por los hielos; tuvo que pagar cuatro libras por un trineo y seis perros. Aun asà le costó no poco trabajo vencer las repugnancias que manifestaban los naturales a deshacerse de ellos.
Shandon hubiera querido también reclutar a Hans Christian, el hábil conductor de perros que formó parte de la expedición del capitán McClintock; pero Hans se hallaba entonces en la Groenlandia meridional.

Púsose entonces sobre el tapete la cuestión: ¿Se hallaba en Uppernawik un europeo que aguardaba el paso del Forward? ¿TenÃa el gobernador conocimiento de que un extranjero verosÃmilmente inglés, se hubiese fijado en aquellos parajes? ¿A qué época se referÃan las últimas relaciones con buques balleneros o de otra clase?
A estas preguntas el gobernador respondió que hacÃa más de diez meses que ni un solo extranjero habÃa desembarcado en aquella parte de la costa.
Shandon se hizo dar los nombres de los balleneros últimamente llegados, y no reconoció ninguno. Motivos habÃa para estar desesperado.