Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Confesad, doctor, que hay motivos para perder el tino. ¡Nadie en el cabo Farewell! ¡Nadie en la isla Disko! ¡Nadie en Uppernawik!
—Añadid dentro de algunos dÃas: ¡Nadie en la bahÃa de Melville!, y entonces, mi querido Shandon, os saludaré como único capitán del Forward.
La ballenera volvió al bergantÃn al anochecer con los expedicionarios. Strong, respecto a alimentos nuevos, se habÃa procurado algunas docenas de huevos de eider-ducks[20], dos veces mayores que los huevos de gallina y de un color verdoso. Poca cosa era; pero, en fin, no dejaba de ser algo para una tripulación sometida al régimen de carne salada.
El viento al dÃa siguiente se hizo favorable, y, sin embargo, Shandon no dio orden de aparejar. Quiso aguardar un dÃa más, dejando, para tranquilidad de su conciencia, que cualquier ser perteneciente a la raza humana tuviese tiempo suficiente para pasar a bordo del Forward. Hizo más; mandó que la pieza de 16 disparase un cañonazo por hora, y en efecto, el disparo tronaba con estrépito en medio de los icebergs; pero no consiguió más que asustar las bandadas que habÃa, como nubes, de molly-mokes[21] y dorotches[22]. Por la noche se lanzaron al aire, también en vano, varios cohetes. Tuvo que decidirse a partir.