Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Y desde aquella época —preguntó Shandon— los viajes al Norte fueron más fáciles?
—Incomparablemente más fáciles; pero de algunos años a esta parte se nota que la bahÃa tiende a volver a ser lo que era y amenaza cerrarse, tal vez por mucho tiempo, a las investigaciones de los navegantes.
He aquÃ, pues, una razón más para avanzar cuanto nos sea posible. Y, sin embargo, nos parecemos bastante a los que avanzan por galerÃas desconocidas, cuyas puertas se van cerrando tras ellos.
—¿Me aconsejáis, acaso, retroceder? —preguntó Shandon intentando leer en lo más profundo de los ojos del doctor.
—¡Yo! Yo no he sabido nunca volver atrás; y aunque supiera que el regreso es imposible, os dirÃa que es preciso avanzar a toda costa. Pero quiero que quede establecido que si cometemos imprudencias, sabremos perfectamente a lo que nos exponemos.
—¿Y vos, Garry, qué opináis? —preguntó Shandon al marinero.
—Comandante, yo irÃa siempre adelante; opino como el señor Clawbonny. Pero haréis lo que mejor os acomode; mandad y obedeceremos.
—No hablan todos como vos, Garry —repuso Shandon—; no todos se hallan dispuestos a obedecer. ¿Y si se niegan a ejecutar mis órdenes?