Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Los marineros siguieron contemplando silenciosamente el Forward, cuyos preparativos de marcha tocaban a su fin, sin que a nadie se le ocurriese pensar que el contramaestre Johnson se hubiese burlado del joven marinero.
Esta historia del perro había ya circulado por la ciudad, y entre la multitud de curiosos había más de cuatro que con la vista buscaban ávidamente al perro-capitán, a quien consideraban como un ser sobrenatural.
No es extraño. Hacía ya algunos meses que el Forward llamaba la atención pública. Lo que había de algo extraordinario en su construcción, el misterio que lo rodeaba, el incógnito guardado por su capitán, el modo con que Ricardo Shandon recibió la proposición de dirigir su armamento, las condiciones exigidas a la tripulación, el destino desconocido que muy pocos se atrevían a sospechar, todo contribuía a revestir al bergantín de un carácter extraño.
Para un pensador, para un soñador, para un filósofo, no hay nada que tanto conmueva como un buque cuando parte. La imaginación le acompaña a pesar suyo en sus combates con el mar, en las batallas que empeña con los vientos, en el camino de aventuras cuyo término final no es siempre el puerto, y, por poco que sobrevenga un incidente insólito, la embarcación se presenta bajo una forma fantástica hasta a los más rebeldes espíritus prosaicos.