Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras A doscientos pasos del buque había un agujero de focas, especie de hendidura circular hecha con los dientes del anfibio, y abierta siempre del interior al exterior. Por ella la foca pasa a la superficie del hielo para respirar, pero ha de procurar impedir que el orificio se cierre, porque la disposición de sus quijadas no le permite hacerlo de fuera adentro, y en el momento del peligro no podría escaparse de sus perseguidores.
Pen y Warren se dirigieron a la grieta, y en ella el perro, no obstante sus enérgicos esfuerzos, fue despiadadamente precipitado, poniendo sus verdugos en seguida un enorme témpano sobre la abertura, de suerte que el animal quedó sin salida y como tapiado dentro de su líquida mazmorra.

—¡Buen viaje, capitán! —exclamó el brutal marinero.
Pocos instantes después, Pen y Warren volvían a bordo. Johnson no había visto el menor preparativo de la ejecución; la niebla se condensaba más y más alrededor del buque, y la nieve empezaba a caer con violencia.
Una hora después, Ricardo Shandon, el doctor y Garry volvían a bordo del Forward.