Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras La forma extraña del Pulgar del Diablo, las cercanías desiertas y desoladas, vastos circos de icebergs, entre los cuales había algunos que tenían más de trescientos pies de elevación; los chasquidos de los témpanos que el eco reproducía de una manera siniestra, todo volvía espantosamente triste la posición del Forward. Shandon comprendió que era menester sacarlo de allí y conducirlo más lejos. Veinticuatro horas después, según su cálculo, había podido desviarse de aquel lugar funesto cosa de dos millas. Pero esto no era bastante. Shandon sentía apoderarse de él el miedo, y la situación falsa en que se hallaba paralizaba su energía. Por obedecer sus instrucciones y seguir adelante, había colocado el buque en una situación excesivamente peligrosa. El arrastre desesperaba a los marineros; se necesitaban más de tres horas para abrir un canal de veinte pies de longitud en un hielo que tenía comúnmente tres o cuatro pies de grueso, y la salud de la tripulación empezaba a quebrantarse. Shandon notaba con asombro el silencio de los marineros y su insólita adhesión; temía que aquella calma fuera precursora de alguna borrasca próxima.