Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El doctor miró con atención, y no pudo contener una estrepitosa carcajada.
—¡La refracción! —dijo.
—¡La refracción! —exclamó Shandon.
Pero una exclamación terrible de la tripulación les interrumpió.
—¡El perro! —gritó Clifton.
—¡El perro-capitán! —Repitieron sus camaradas.
—¡Él, siempre él! —exclamó Pen.
En efecto, era él, que, rompiendo sus ligaduras, había podido volver a la superficie del hielo por otra quebraja. En aquel momento la refracción, por un fenómeno común de aquellas latitudes, le daba dimensiones formidables, que el sacudimiento del aire disipó; pero el efecto fatal permaneció en el ánimo de los marineros, poco dispuestos a admitir la explicación del hecho por razones puramente físicas. La aventura del Pulgar del Diablo y la reaparición del perro, acompañada de circunstancias fantásticas, acabaron de extraviar su moral, y en todas partes no se oían más que murmuraciones.
