Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Qué sucede, pues? —exclamó Shandon corriendo hacia la proa.
—¡A bordo, a bordo! —Gritaban los marineros con el acento de un terror sin lÃmites.
Shandon miró hacia el Norte, y se estremeció a pesar suyo.
Un animal extraño, espantoso por sus movimientos, cuya lengua humeante salÃa de una boca enorme, saltaba a la distancia de un cable; parecÃa tener más de veinte pies de altura; sus pelos se erizaban; perseguÃa a los marineros, poniéndose al acecho detrás de ellos, en tanto que su formidable cola, que tenÃa diez pies de longitud, barrÃa la nieve, que formaba, al levantarse, grandes torbellinos. La vista de un monstruo semejante heló de espanto a los más intrépidos.
—¡Es un oso! —DecÃa uno.
—¡Es la fiera de Jebodan!
—¡Es la bestia del Apocalipsis!
Shandon corrió a su camarote a coger un fusil que tenÃa siempre cargado; el doctor cogió también sus armas, y se preparó para hacer fuego a aquel animal, que por sus dimensiones recordaba a los cuadrúpedos antediluvianos.
El monstruo se acercaba dando saltos inmensos; Shandon y el doctor dispararon al mismo tiempo, y de repente la detonación de sus armas, sacudiendo las capas de la atmósfera, produjo un efecto inesperado.