Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —O al diablo —respondió Clifton—. Prefiero perder toda mi parte del beneficio antes que dar un paso más.
—No nos saldremos con la nuestra —murmuró Bolton con abatimiento.
La tripulación habÃa llegado al más alto grado de desmoralización.
—¡Ni un paso más! —Exclamó Wolsten—. ¿Estamos todos de acuerdo?
—¡SÃ, sÃ! —Respondieron los marineros.
—Pues bien —dijo Bolton—, vamos a ver al comandante; yo me encargo de hablarle.
Los marineros se dirigieron en grupo hacia la popa.
El Forward penetraba en un vasto circo, que medirÃa unos ochocientos pies de diámetro, y estaba completamente cerrado, exceptuando una sola abertura por la cual llegaba el buque.
Shandon comprendió que se habÃa encarcelado. Pero ¿qué podÃa hacer? ¿Cómo retroceder? Sintió todo el peso de su responsabilidad, y sus dedos se crisparon en su anteojo.
El doctor estaba cruzado de brazos y sin decir una palabra. Contemplaba las murallas de hielo, cuya altura media excedÃa de trescientos pies.
Una cúpula de niebla permanecÃa suspendida encima del abismo.