Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Señor! —exclamó Shandon palideciendo—. Garry… vos…, ¿con qué derecho mandáis aqu�
—¡Duck! —dijo Garry, repitiendo aquel silbido que tanto habÃa sorprendido a la tripulación.
El perro, al llamarle por su verdadero nombre, saltó de un brinco a la toldilla y se echó tranquilamente a los pies de su amo.
La tripulación no decÃa una palabra. Aquella llave que debÃa poseer únicamente el capitán del Forward; aquel perro, enviado por él, y que venÃa en cierto modo a comprobar su identidad; aquel acento de mando, que no era posible desconocer, todo obró activamente en el ánimo de los marineros y fue suficiente para establecer la autoridad de Garry.
Además, Garry estaba desconocido. Se habÃa quitado las anchas patillas que limitaban su rostro como un marco, y su semblante resultaba aún más impasible, más enérgico, más imperioso. Vestido con el traje propio de su clase, que tenÃa guardado en su camarote, aparecÃa con las insignias de mando.
Asà es que, con la movilidad natural de las turbas, la tripulación del Forward, impresionada a pesar suyo, exclamó unánime:
—¡Hurra! ¡Hurra por el capitán!
—Shandon —dijo éste a su segundo—, haced formar a la tripulación; voy a revistarla.