Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Shandon obedeció, y dio sus órdenes con voz alterada. El capitán se colocó delante de sus oficiales y de sus marineros, diciendo a cada cual lo que le convenÃa decirle y tratándolos según su conducta pasada.
Cuando hubo concluido su inspección se volvió a la popa, y con voz tranquila pronunció las siguientes palabras:
—Oficiales y marineros, yo soy un inglés, como vosotros, y mi divisa es la del almirante Nelson: «Inglaterra espera que cada cual cumpla con su deber». Como inglés, yo no quiero, nosotros no queremos que vayan otros más atrevidos a donde nosotros no hayamos estado. Como inglés, yo no sufriré, nosotros no sufriremos, que otros obtengan la gloria de elevarse más al Norte. Si hay un pie humano que deba pisar la tierra del Polo, que este pie sea el de un inglés. Yo he armado este buque, yo he consagrado mi fortuna a esta empresa, y a ella consagraré mi vida y la vuestra; pero este pabellón flotará en el Polo boreal del mundo. Tened confianza. Mil libras esterlinas se os adjudicarán desde hoy por cada grado que ganemos hacia el Norte. Estamos a los sesenta y dos, y hay noventa. Contad. Mi nombre, además, os responderá de mÃ. Significa energÃa y patriotismo. ¡Yo soy el capitán Hatteras!
—¡El capitán Hatteras! —exclamó Shandon.
Y este nombre, bien conocido de todo marino inglés, fue murmurado por los tripulantes.