Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Dos años hacía que guardaba en Liverpool el más riguroso incógnito. Pasaba por un marinero como otro cualquiera. Reconoció en Ricardo Shandon el hombre que necesitaba, y le dirigió sus proposiciones por medio de una carta anónima, y lo mismo al doctor Clawbonny. El Forward fue construido, armado y tripulado. Hatteras tuvo buen cuidado en ocultar su nombre, pues de otra suerte no hubiera encontrado un solo hombre que quisiera acompañarlo. Resolvió no tomar el mando del bergantín sino apremiado por eventualidades imperiosas, y cuando su tripulación hubiese ya avanzado demasiado para poder retroceder, reservándose, como se ha visto, el hacer a su gente tales ofrecimientos de dinero, que ni uno solo se negase a seguirlo hasta el fin del mundo.
Y al fin del mundo era, en efecto, donde él quería ir…
Habiéndose las circunstancias hecho críticas, John Hatteras no vaciló en darse a conocer.
Su perro, el fiel Duck, el compañero de sus fatigas, fue el primero que lo reconoció, y, afortunadamente para los valientes, y desgraciadamente para los tímidos, quedó bien y debidamente establecido que el capitán del Forward era John Hatteras.
