Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pues bien, capitán —respondió Shandon—, por mà responden los hechos; las tentativas de este género han sido hasta ahora infructuosas; deseo que nosotros seamos más felices.
—Lo seremos. ¿Y vosotros, señores, qué opináis?
—En cuanto a mà —respondió el doctor—, creo vuestro proyecto practicable, capitán; y como es evidente que algunos navegantes llegarán un dÃa u otro al Polo, no veo qué razón haya para que los que lleguen no seamos nosotros.
—Tanto más —respondió Hatteras— cuanto que nuestras medidas están tomadas con conocimiento de causa, y nos aprovecharemos de la experiencia de nuestros predecesores. Y acerca del particular, Shandon, os doy gracias por la asiduidad y buen tacto con que habéis tripulado el buque. Cierto es que hay en la tripulación algunas malas cabezas, que tendrán que entenderse conmigo; pero, de todos modos, no tengo para vos más que elogios.
Shandon se inclinó desdeñosamente. Su posición a bordo del Forward, del cual creÃa ser el jefe, era falsa. Hatteras lo comprendió y no insistió más.
