Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero si el bergantín no era un buque de guerra, ni un buque mercante, ni un yate de recreo, pues no se va a paseo en una embarcación que lleva en su sentina provisiones para seis años, entonces, ¿qué podía ser?
¿Era un buque destinado a descubrir el paradero del Erebus y del Terror, y de Sir John Franklin? Tampoco, pues en el año anterior, 1859, el comandante McClintock había regresado de los mares árticos con la prueba irrecusable del fracaso de aquella desdichada expedición.
¿El Forward quería, por consiguiente, arriesgarse en el famoso paso del Noroeste? ¿Para qué? El capitán McClure había ya dado con él en 1853, y su teniente Creswell fue el primero que tuvo la gloria de costear el continente americano desde el estrecho de Behring hasta el de Davis.
Era por lo tanto cierto e indudable para las personas competentes que el Forward se disponía a penetrar en la región de los hielos. ¿Dirigiría su proa hacia el polo Sur, más lejos que el ballenero Weddell, más adelante que el capitán James Ross? ¿Con qué objeto?
Véase, pues, cómo, no obstante haberse circunscrito considerablemente el campo de las conjeturas, la imaginación hallaba aún motivos de vacilación y extravío.