Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Al dÃa siguiente de aquel en que el bergantÃn fue botado al agua, le llegó la máquina, salida de los talleres de R. Hawthom, de Newcastle.
Era una máquina de ciento veinte caballos de fuerza, con cilindros oscilantes, que ocupaba muy poco espacio. Su fuerza parecÃa considerable para un buque de ciento setenta toneladas, que tenÃa además mucho velamen y era de primera marcha. Acerca del particular los ensayos no dejaban duda alguna, y hasta el contramaestre Johnson habÃa creÃdo conveniente expresar como sigue su opinión a su amigo Clifton:
—Cuando el Forward se sirve al mismo tiempo de sus velas y de su hélice, aquéllas son las que llevan la ventaja.
El amigo Clifton no habÃa comprendido ni una palabra de esta proposición; pero todo lo creÃa posible, tratándose de un buque mandado por un perro en persona.