Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡He aquà —dijo a sus compañeros— la residencia que el mismo James Ross llamó Campo del Refugio! Si la expedición de Franklin hubiese llegado a este punto, estaba salvada. Ésta es la máquina que fue abandonada aquà mismo, y la estufa colocada en el terreno, a cuyo alrededor se calentó en 1851 la tripulación del Prince-Albert. Las cosas han quedado en el mismo estado, como si ahora mismo Kennedy, su capitán, acabase de dejar este puerto hospitalario. He aquà la lancha que le abrigó durante algunos dÃas con todos los suyos, porque Kennedy, separado de su buque, fue verdaderamente salvado por el teniente Bellot, el cual desafió la temperatura de octubre para volar a su encuentro.
—Un bravo y digno oficial que yo he conocido —dijo Johnson.
