Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —SÃ, Johnson; allà es donde Parry desembarcó todas las provisiones de su buque, y, si no me engaña la memoria, el techo de la casa que construyó se formó con una gavia y con las jarcias del Fury.
—Todo ha debido variar mucho desde 1825.
—No tanto, Johnson. En 1829, John Ross halló la salvación propia y la de su tripulación en el frágil tugurio que contemplamos. En 1851, cuando el prÃncipe Alberto envió aquà una expedición, la casa estaba aún en pie, y la mandó reparar el capitán Kennedy. Hace de lo que digo nueve años. Interesante serÃa para nosotros visitarla; pero no está de humor el capitán Hatteras para detenerse.
—Y sin duda tiene razón, señor Clawbonny. Si el tiempo es oro en Inglaterra, aquà es la salvación, y por un dÃa, por una hora de retraso nos expondrÃamos a comprometer todo el viaje. Dejemos, pues, al capitán que haga todo lo que le parezca.
Durante el jueves, 1 de junio, la bahÃa que lleva el nombre de Creswell fue cortada diagonalmente por el Forward. Desde la punta de Fury, la costa se eleva hacia el Norte, arrancando de ella peñascos perpendiculares de trescientos pies de altura. Al Sur tiende a deprimirse. Algunas cimas cubiertas de nieve ofrecÃan mesetas perfectamente cortadas, al paso que otras, afectando extrañas formas, proyectaban en la bruma sus pirámides agudas.