Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El doctor se acordó de la ingeniosa teorÃa de Tilomas Young sobre aquellos meteoros. Dicho fÃsico supone que ciertas nubes, compuestas de prismas de hielo, están suspensas en la atmósfera, y que los rayos del sol al llegar a ellas se descomponen formando ángulos de 60° y hasta 90°. Los halos no pueden, pues, presentarse en cielos serenos. Esta explicación parecÃa al doctor muy ingeniosa.
Los marineros habituados a los mares boreales, consideran generalmente este fenómeno como precursor de una abundante nevada. Si la observación llegaba a realizarse, la situación del Forward habÃa de ser muy difÃcil. Hatteras resolvió, pues, seguir adelante. Ni un instante descansó durante el resto de aquel dÃa y la noche siguiente, que la pasó subido a los flechastes, sin perder ocasión alguna de acercarse a la salida del estrecho.
Pero por la mañana tuvo que detenerse delante del inaccesible banco. El doctor se reunió con él en la cubierta. Hatteras lo condujo a popa, y pudieron los dos hablar sin que nadie los oyese.
—Estamos cogidos —dijo Hatteras—; es imposible ir más lejos.
—¿Imposible? —repitió el doctor.
—¡Imposible! ¡Toda la pólvora del Forward no nos permitirÃa ganar un cuarto de milla!
—¿Qué haremos, pues? —dijo el doctor.