Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Qué sé yo! ¡Maldito sea este año funesto, que se presenta bajo auspicios desfavorables!
—Y bien, capitán, si es menester invernar, invernaremos. Lo mismo da invernar aquà que en otra parte.
—Sin duda —respondió Hatteras en voz baja—; pero es triste invernar, sobre todo en el mes de junio. La invernada está llena de peligros fÃsicos y morales. Un largo reposo en medio de verdaderos sufrimientos abate muy pronto el ánimo de una tripulación. ¡Yo contaba no detenerme sino bajo una latitud más próxima al Polo!
—SÃ, pero la fatalidad ha querido que la bahÃa de Baffin estuviese cerrada.
—Y estuvo abierta para otro —exclamó Hatteras con cólera—, para ese americano, ese…
—Veamos, Hatteras —dijo el doctor interrumpiéndole con intención—, no estamos más que a 5 de junio; no desesperemos; puede de improviso abrÃrsenos un paso; ya sabéis que el deshielo tiene tendencia a romperse hasta en los tiempos de calma, como si una fuerza repulsiva obrara entre las diferentes partes que lo componen; podemos, pues, de un momento a otro, hallar el mar libre.
—¡Que se presente y lo pasaremos! Es muy posible que más allá del estrecho de Bellot nos sea fácil remontamos hacia el Norte por el estrecho de Peel o por el canal de McClintock, y entonces…