Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Capitán —dijo en aquel momento James Wall—, estamos expuestos a que los témpanos nos dejen sin gobernalle.
—Correremos el riesgo de perderlo —respondió Hatteras—. Yo no puedo consentir que se quite. Quiero estar dispuesto a partir a cualquier hora, lo mismo de noche que de dÃa. Procurad, señor Wall, que se le proteja cuanto sea posible, separando los témpanos; pero que quede en su puesto, ¿lo entendéis?
—Sin embargo… —añadió Wall.
—No tengo ninguna observación que escuchar —dijo severamente Hatteras—. Basta.
Wall se volvió a su puesto.
—¡Ah! —exclamó Hatteras con un movimiento de cólera—. ¡Cinco años de mi vida darÃa por hallarme en el Norte! No conozco paso más peligroso. ¡Y para aumentar las dificultades, a esta distancia cercana del polo magnético, el compás duerme, la aguja se hace perezosa o loca, y varÃa sin cesar de dirección!
—Confieso —respondió el doctor— que es una navegación peligrosa; pero, en fin, los que la hemos emprendido ya sabÃamos que nos aguardaban peligros y hasta ahora nada ha sobrevenido que deba sorprendernos.