Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Ah! ¡Doctor! Mi tripulación ya no es lo que era, y vos mismo acabáis de verlo. Los oficiales se permiten hacerme observaciones. Las ventajas pecuniarias ofrecidas a los marineros eran muy propias para excitar su codicia; pero estas ventajas tienen sus inconvenientes, porque después que han marchado les hacen desear con más ardor el regreso. Doctor, ya no me veo apoyado en mi empresa, y si fracaso, la culpa no será de tal o cual marinero, al que fácilmente se le harÃa entrar en razón, sino que será hija de la mala voluntad de ciertos oficiales… ¡Ah! ¡Caro lo han de pagar!
—Exageráis, Hatteras.
—¡No exagero nada! ¿Creéis que afectan a la tripulación los obstáculos que encuentro en mi camino? ¡Todo lo contrario! ¡Ella confÃa en que los obstáculos me harán abandonar mis proyectos! Asà es que los marineros no murmuran, ni murmurarán mientras la proa del Forward mire al Sur. ¡Insensatos! ¡Se les figura que se acercan a Inglaterra! ¡Pero si llegamos a remontamos al Norte, veréis cómo varÃan las cosas! ¡Yo juro, sin embargo, que no habrá ser viviente que me haga desviar de mi lÃnea de conducta! Un paso, una abertura por la cual pueda deslizarse mi bergantÃn, y aunque en ella deje el cobre de su forro, me saldré con la mÃa.