Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pero —añadió— escucharÃa tal vez a las representaciones de la tripulación.
—¡La tripulación! —dijo Shandon encogiéndose de hombros—. ¡Pobre Wall! Por lo visto, no la habéis estudiado. Se halla animada de un sentimiento que no es el de su salvación. Sabe que avanza hacia el 72° paralelo, y que por cada grado que gana más allá de esta latitud, adquiere derecho a una suma de mil libras.
—Tenéis razón, Shandon —respondió Wall—, y el capitán ha adoptado el mejor medio para asegurar sus hombres.
—Sin duda —respondió Shandon—, al menos por ahora.
—¿Qué queréis decir?
—Quiero decir, que mientras no haya peligros ni fatigas y se navegue en un mar libre, todo marchará perfectamente. Hatteras les ha obligado a fuerza de dinero, y lo que se hace por dinero, se hace mal. Ya vendrán las circunstancias difÃciles, los peligros, la miseria, las enfermedades, el desaliento, el frÃo contra el cual nos precipitaremos como unos insectos, y entonces veréis si esas gentes se acuerdan de que hay una prima que ganar.
—¿Entonces, Shandon, opináis que Hatteras no se saldrá con la suya?