Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —No, Wall, no se saldrá con la suya. En una empresa como ésta, es preciso que entre los jefes haya una perfecta comunidad de ideas y una simpatÃa que no existen. Añado que Hatteras es un loco: todo su pasado lo prueba. En fin, veremos. Pueden sobrevenir circunstancias tales, que haya necesidad de dar el mando del buque a un capitán menos aventurero…
—Sin embargo —dijo Wall sacudiendo la cabeza con ademán de duda—, Hatteras tendrá siempre a su lado…
—Tendrá —replicó Shandon, interrumpiendo al oficial—, tendrá al doctor Clawbonny, un sabio que no piensa más que en saber, a Johnson, un marino esclavo de la disciplina, que no se toma la molestia de discurrir, tal vez uno o dos hombres más, como Bell, el carpintero, cuatro a lo sumo, y nosotros somos dieciocho a bordo. No, Wall, Hatteras no tiene la confianza de la tripulación, él lo sabe, y la ceba con dinero; se ha aprovechado hábilmente de la catástrofe de Franklin para producir una reacción en los ánimos; pero esta reacción no durará, yo os lo digo, y si no logra tomar tierra en la isla Beechey, está perdido.
—Si la tripulación pudiese siquiera sospechar…