Aventuras del capitan Hatteras

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Capítulo III

EL DOCTOR CLAWBONNY

RICARDO Shandon era un buen marinero. Había mandado largo tiempo los balleneros en los mares árticos, con una reputación sólidamente establecida en todo el Lancaster. Era natural que al leer la carta que recibió quedase como quien ve visiones, y en efecto se asombró; pero se asombró con la sangre fría del que está acostumbrado a ver muchas cosas.

Él, por otra parte, se hallaba en las condiciones requeridas; no tenía mujer, ni hijos, ni padres. Podía hacer de su capa un sayo. Era todo lo independiente que es dado ser a un hombre. No teniendo con quién consultar, se fue derechito a casa de los señores «Marcuart y Compañía», banqueros.

—Si allí está el dinero —dijo para su capote—, todo marchará a pedir de boca.

Fue recibido en la casa de banca con todas las consideraciones debidas a un hombre a quien aguardan pacientemente en una caja dieciséis mil libras. Tranquilo sobre el particular, pidió un pliego de papel, y envió, en letra asaz garabatosa, su aceptación a la dirección indicada.

En aquel mismo día entró en tratos con los constructores de Birkenhead, y veinticuatro horas después la quilla del Forward se hallaba ya en los calzos del astillero.


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