Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras La ballena, habiendo hecho provisión de aire, se habÃa sumergido de nuevo; pero volvió pronto a la superficie, y arrojó a la distancia de quince pies una mezcla de vapores y mucosidades escapadas de sus espiráculos.
—¡AllÃ! ¡AllÃ! —dijo Simpson, indicando un punto a ochocientas yardas de la lancha.
Ésta se dirigió rápidamente hacia el animal, y el bergantÃn, que a su vez habÃa distinguido también al cetáceo, se acercó manteniéndose con poco vapor.
El enorme cetáceo desaparecÃa y reaparecÃa a merced de las olas, mostrando su lomo negro, semejante a un escollo en alta mar, y se dejaba mecer indolentemente, porque una ballena no nada de prisa cuando no se cree perseguida.
La lancha se aproximaba silenciosamente siguiendo las aguas verdes, cuya opacidad impedÃa al animal ver a su enemigo. Es un espectáculo siempre conmovedor el que ofrece un frágil esquife atacando a semejantes colosos. El de que nos ocupamos medirÃa unos ciento treinta pies, no siendo raro, entre los setenta y ochenta grados, encontrar ballenas cuyo tamaño pasa de ciento ochenta pies. Escritores antiguos hacen mención de algunas de más de setecientos pies de longitud, pero debemos colocarlas entre las especies que podrÃamos llamar imaginarias.