Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Ricardo Shandon era un solterón de unos cuarenta años, robusto, enérgico y resuelto, que son las tres grandes cualidades de un marino, porque le dan confianza, vigor y sangre frÃa. Se le reconocÃa un carácter envidioso y difÃcil de llevar, y asà es que los marinos nunca lo quisieron bien, pero le tenÃan miedo. Esta reputación no era motivo suficiente para dificultar el reclutamiento de su tripulación, y él, por otra parte, era hombre bastante hábil para salir de apuros.

Shandon temÃa que el lado misterioso de la empresa dificultase sus movimientos.
«AsÃ, pues —se dijo—, lo mejor será no alborotar el cotarro. HabrÃa entre esos perros de mar quienes quisieran conocer el cómo y el porqué del asunto, y como yo no sé nada, me costarÃa mucho trabajo contestarles algo. Ese K. Z. es seguramente un galápago de muchas conchas, pero al fin y al cabo me conoce, cuenta conmigo, y no se necesita más. En cuanto a su buque, no dejará nada que desear, y tan cierto como que soy Ricardo Shandon, está destinado a frecuentar el mar Glacial. Pero esto queda para mà y mis oficiales».
Sin más observaciones, Shandon se ocupó en reclutar su tripulación, ateniéndose a las condiciones de familia exigidas por el capitán.