Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Evidentemente, los esquimales que se han puesto frecuentemente en relación con los buques europeos, han concluido por conocer el valor de algunos objetos de que se hallan completamente desprovistos. Desde que habÃa estado allà el Fox, ellos habÃan visitado muchas veces aquel lugar de abundancia, cogiendo y saqueando sin cesar, con la bien premeditada intención de no dejar ni vestigios de lo que habÃa sido, y ahora sólo cubrÃa la tierra una larga capa de nieve.
Hatteras estaba confundido. El doctor miraba sacudiendo la cabeza. Shandon seguÃa callando, y un observador atento hubiera sorprendido en sus labios una sonrisa maliciosa.
En aquel momento llegaron los hombres enviados por el teniente Wall. Todos lo comprendieron. Shandon se adelantó hacia el capitán y le dijo:
—Señor Hatteras, la desesperación me parece inútil; nos hallamos, afortunadamente, a la entrada del estrecho de Barrow, que nos volverá al mar de Baffin.
—¡Señor Shandon —respondió Hatteras—, nos hallamos, afortunadamente, a la entrada del estrecho de Wellington, que nos conducirá al Norte!
—¿Y cómo navegaremos, capitán?
—¡A la vela, señor Shandon! Tenemos aún combustible para dos meses y es más del que necesitamos para nuestra próxima invernada…
—Permitidme que os diga… —repuso Shandon.