Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —De todos modos, es singular —repuso Wall— que se encuentre aún un particular que trate de atravesar el mar desde el estrecho de Davis al estrecho de Behring. Las expediciones enviadas en busca del almirante Franklin han costado ya a Inglaterra más de setecientas setenta mil libras, sin producir ningún resultado práctico. ¿Quién diablos arriesga aún su fortuna en una empresa semejante?
—En primer lugar, James —respondió Shandon—, estamos discutiendo sobre una simple hipótesis. ¿Iremos realmente a los mares boreales o australes? Lo ignoro. Acaso se trate de un nuevo descubrimiento. Como quiera que sea, no tardará en presentarse un tal doctor Clawbonny, que sabrá algo más que nosotros y nos pondrá seguramente al corriente de todo. Allá veremos.
—Aguardemos, pues —dijo el contramaestre Johnson—; yo, por mi parte, voy a ponerme al acecho de individuos sólidos, comandante, y en cuanto a sus principios de calor animal, como dice el capitán, salgo de ellos garante de antemano. Miradme a mÃ.