Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Johnson era un hombre que no tenÃa precio. ConocÃa la navegación en las altas latitudes. En calidad de contramaestre se hallaba a bordo del Phoenix, que formó parte de las expediciones enviadas en 1853 en busca del paradero de Franklin. Fue también testigo de la muerte del teniente francés Bellot, a quien acompañaba en su excursión por entre los hielos. Johnson conocÃa el personal marinero de Liverpool, y entró inmediatamente en campaña para reclutar su gente.
Shandon, Wall y él desplegaron tanta actividad que a principios de diciembre tenÃan ya completa la tripulación, lo que no dejó de ofrecer dificultades. Muchos se sentÃan atraÃdos por el cebo de la buena paga, pero les arredraba el porvenir de la expedición, y alguno hubo que, después de haberse alistado resueltamente, se desdijo y devolvió el dinero que habÃa recibido a cuenta, disuadido por sus amigos de exponerse a los riesgos de semejante empresa. Todos, por otra parte, querÃan descubrir el misterio, y abrumaban a preguntas a Ricardo Shandon, el cual les enviaba al contramaestre Johnson.
—¿Qué quieres que te diga? —RespondÃa invariablemente este último—. Lo mismo sé yo que tú. Lo que puedo asegurarte es que estarás en buena compañÃa, con valientes marineros a quienes no se encoge el ombligo, y eso es algo. ¡AsÃ, pues, menos reflexiones, y herrar o quitar el banco!
Y la mayor parte mordÃan el anzuelo.