Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Fácilmente comprenderás —añadÃa algunas veces el contramaestre— que me sobra dónde escoger. Una buena paga, como no hay memoria de que la haya tenido nunca ningún marinero desde que hay marineros en el mundo, con la seguridad de hallar a la vuelta un capital decente. Hay para tentar al diablo.
—La verdad es —respondÃan los marineros— que la tentación es fuerte. ¡Bienestar hasta concluir la vida!
—No te ocultaré —respondÃa Johnson— que la campaña será larga, penosa, erizada de peligros. Eso está formalmente establecido en nuestras instrucciones, y conviene que cada cual sepa de antemano a lo que se compromete. Se compromete probablemente a intentar cuanto humanamente es posible hacer, y tal vez más aún. AsÃ, pues, si no tienes mucho corazón y un temperamento a prueba de bomba, si no tienes el diablo en el cuerpo, y no cuentas con qué hay cien probabilidades contra una de perder la pelleja, si algo te importa dejar tus huesos en un lugar con preferencia a otro, vete por dónde has venido, y cede tu puesto a otro camarada más valiente que tú.
—Pero, al menos —replicaba el marinero poniéndose meditabundo—, ¿vos conocéis al capitán?
—El capitán es Ricardo Shandon hasta que se presente otro.