Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Y fuerza es decir que así se complacía en creerlo el mismo Shandon, el cual acariciaba la idea de que en el último momento recibiría instrucciones precisas relativas al objeto del viaje, y que sería el capitán del Forward. Él mismo procuraba propagar esta opinión, ya conversando con los oficiales, ya inspeccionando los trabajos de construcción del bergantín, cuyos primeros candeleras se levantaban en los astilleros de Birkenhead, como las costillas de una ballena.
Shandon y Johnson habían tenido muy presente la recomendación relativa a la salud de las gentes de a bordo, las cuales ofrecían todas un semblante muy bueno y poseían un principio de calor capaz de calentar la máquina del Forward. Sus miembros elásticos y su tez lozana y juvenil evidenciaban que sabrían reaccionar contra los fríos intensos. Eran hombres resueltos, enérgicos y sólidamente constituidos, si bien no todos gozaban del mismo vigor, y así es que Shandon vaciló antes de tomar algunos de ellos, tales como los marineros Gripper y Garry y el arponero Simpson, que le parecían algo flojos, pero, bien examinado, se veía que el armazón era bueno y el corazón caliente, por lo que quedaron admitidos.
