Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras La vida a bordo fue objeto de profundas meditaciones. Hatteras la estableció con mucho tino, y se hizo un reglamento que se fijó en la sala común. Los marineros se levantaban a las seis de la mañana; tres veces por semana se aireaban los coys; el piso de los dos cuartos se fregaba todas las mañanas con arena caliente; el té hirviendo figuraba en todas las comidas, y la alimentación variaba todo lo posible, según los días de la semana, componiéndose de pan de harina, de grasa de buey y de pasas para los puddings, de azúcar, de cacao, de té, de arroz, de limonada, de carne de buey en conserva y de cerdo salado, de verduras y legumbres en vinagre. La cocina estaba situada fuera de las salas comunes, con lo que, si bien es verdad que se desperdiciaba su calor, se evitaba su evaporación y humedad consecutiva, de que la cocción de los alimentos es un manantial constante.
La salud de la gente dependía mucho de su género de alimentación. Bajo aquellas elevadas latitudes se debe hacer principalmente uso de materias animales. El doctor había presidido la redacción del programa.