Aventuras del capitan Hatteras

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No faltaban tampoco liebres, zorras, lobos, armiños y osos. Acerca del particular, un cazador francés, inglés o noruego, no hubiera tenido motivo de queja, pero aquellos animales eran muy ariscos y huían muy lejos, y además se les distinguía muy difícilmente en aquellas blancas llanuras, que eran de su mismo color, porque, antes de los grandes fríos, dejan el que tienen y toman su vestido de invierno. El doctor vio demostrado, contra la opinión de ciertos naturalistas, que esta mudanza no depende del descenso de la temperatura, puesto que se verificó antes del mes de octubre, sino que resulta de una causa física, o, por mejor decir, de la previsión providencial que quiere poner a los animales árticos en disposición de contrarrestar los rigores de un invierno boreal.

Se encontraban con frecuencia vacas marinas y perros de mar; animales comprendidos bajo la denominación general de focas. Su caza fue especialmente recomendada a los cazadores, tanto por sus pieles como por su grasa, eminentemente propia para servir de combustible. Además, su hígado, en caso necesario, podía ser un excelente comestible. Se veían focas a centenares, y a dos o tres millas del buque el campo estaba literalmente hecho una criba por los agujeros de aquellos enormes anfibios; pero huelen al cazador con un instinto notable, y aunque muchas resultaron heridas, se escaparon fácilmente zambulléndose debajo de los hielos.


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