Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras 
—A fe mÃa —respondió Johnson—, oso o zorra, se comerá lo mismo. Llevémosla.
Pero en el momento de ir el contramaestre a echarse el animal sobre los hombros, exclamó:
—¡Vaya una rareza!
—¿Qué sucede? —preguntó el doctor.
—¡Mirad, señor Clawbonny, mirad! El animal lleva un collar, y no creo que se trate de un efecto de la refracción.
—¿Un collar? —replicó el doctor, inclinándose hacia la bestia.
En efecto, un collar de cobre medio gastado resaltaba sobre la blanca piel de la zorra, y el doctor creyó notar en él letras grabadas. En un momento se lo quitó al animal, en cuyo cuello parecÃa que estaba desde mucho tiempo.
—¿Qué quiere decir eso? —preguntó Johnson.
—Eso quiere decir —respondió el doctor— que acabamos de matar, amigos mÃos, una zorra que tiene más de doce años, una zorra que fue cogida por James Ross en 1847.
—¿Es posible? —exclamó Bell.
