Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Una hora antes de llegar al Forward sobrevino un fenómeno que excitó al más alto grado la admiración del doctor. Era una verdadera lluvia de estrellas errantes. Se las podía contar por millares, como los cohetes en el ramillete de un fuego de artificio. La luz de la Luna palidecía. El mismo meteoro fue observado en Groenlandia por los hermanos moravos en 1799. Hubiérase dicho que era una verdadera fiesta que el cielo daba a la Tierra bajo aquellas latitudes solitarias. El doctor, de regreso a bordo, pasó la noche contemplando aquel fenómeno, que cesó a cosa de las siete de la mañana, en medio del profundo silencio de la atmósfera.
