Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Nadie acertaría a comprender la magia de un espectáculo semejante, bajo las altas latitudes, a menos de 8 grados del polo. Las auroras boreales, entrevistas en las regiones templadas, no dan ninguna idea de lo que allí se presenta; parece que la Providencia ha querido reservar a aquellos climas sus maravillas más asombrosas. Numerosas paraselenes aparecían igualmente mientras brillaba la Luna, de la cual se presentaban entonces en el cielo varias imágenes que aumentaban su resplandor, y con frecuencia también simples halos limares rodeaban el astro de la noche, que brillaba en el centro de un círculo luminoso con una intensidad espléndida.

El 25 de noviembre hubo una gran marejada, y el agua subió del pozo con violencia. La espesa capa de hielo fue como sacudida por la agitación del mar, y siniestros chasquidos anunciaron la lucha submarina. Afortunadamente, el buque se mantuvo firme en su fondeadero, si bien las cadenas se resistieron con estrépito. Hatteras las había mandado reforzar previendo el acontecimiento.
Los días siguientes fueron aún más fríos. El cielo se cubrió de una niebla penetrante; el viento arrebataba la nieve acumulada; era difícil determinar si los torbellinos procedían del cielo o de los icefields; había una confusión que no puede expresarse.