Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Carbón en esta costa desierta! —repuso Hatteras—. ¡No, no es posible!
—¿Por qué dudarlo, Hatteras? Belcher no se hubiera aventurado a citar un hecho semejante sin ser cierto, sin haberlo visto con sus propios ojos.
—¿Y suponiendo que sea cierto, doctor?
—Nos hallamos a menos de cien millas de la costa en que Belcher vio carbón. ¿Y qué es una excursión de cien millas? Nada. Expediciones más largas se han realizado atravesando hielos y frÃos como los que a nosotros nos cercan. ¡Partamos, pues, capitán!
—¡Partamos! —gritó Hatteras, que habÃa rápidamente tomado su partido, y con la movilidad de su imaginación, entreveÃa probabilidades de éxito.
Inmediatamente se dio a conocer a Johnson esta resolución. Johnson aprobó el proyecto, y lo comunicó a sus camaradas, habiendo entre éstos algunos que lo aplaudieron y otros que lo acogieron con indiferencia.
—¡Carbón en estas costas! —dijo Wall, sepultado en su lecho de dolor.
—Dejémosles hacer —le respondió misteriosamente Shandon.