Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En estos preparativos tan importantes, puesto que una omisión insignificante podÃa acarrear la pérdida de una expedición, se invirtieron cuatro dÃas. Hatteras, todos los dÃas, a las doce, tenÃa cuidado en asegurarse de la posición del buque, el cual no derivaba ya, y preciso era, para verificar el regreso, adquirir esta seguridad absoluta.
Hatteras fijó su atención en los hombres que debÃan seguirle. Esta decisión era grave. Algunos no servÃan para el caso, pero era también expuesto dejarles a bordo. Sin embargo, como la salvación común dependÃa del éxito del viaje, pareció oportuno al capitán escoger, ante todo, compañeros seguros y experimentados.
Shandon quedó, pues, excluido, por lo cual no manifestó ningún sentimiento. James Wall, postrado en cama, no podÃa formar parte de la expedición.
El estado de los enfermos, si no mejoraba, no empeoraba tampoco. Su tratamiento se reducÃa a fricciones repetidas y altas dosis de limonada. No era difÃcil de seguir ni necesitaba en manera alguna la presencia del médico. Éste se puso a la cabeza de los viajeros, y su partida no dio motivo a ninguna reclamación.
Johnson deseaba con toda su alma acompañar al capitán en su peligrosa empresa; pero el capitán le llamó aparte, y con una voz afectuosa, casi conmovida le dijo: