Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Acerca del particular —dijo el doctor—, tengo buenas esperanzas.
—Doctor —decÃa con frecuencia Hatteras—, yo he hecho mal en dejar el Forward; he cometido una falta que no me perdonaré nunca; el puesto de un capitán está a bordo, y no en otra parte.
—Allà está Johnson.
—¡Sin duda…! ¡Démonos prisa! ¡Mucha prisa!
El trineo marchaba rápidamente. OÃanse los gritos de Simpson, que arreaba los perros, los cuales, a consecuencia de un fenómeno de fosforescencia, corrÃan sobre un suelo inflamado, y el trineo levantaba, al parecer, una polvareda de chispas. El doctor se habÃa adelantado un poco para examinar la naturaleza de aquella nieve, cuando de repente, queriendo saltar un hummock, desapareció como por una escotilla. Bell, que se hallaba cerca de él, corrió inmediatamente.
—Señor Clawbonny —gritó con inquietud, en tanto que llegaban a él Hatteras y Simpson—. ¿Dónde os habéis metido?
—¡Doctor! —gritó el capitán.
—¡Aquà estoy! En un agujero —respondió una voz tranquilizadora—. Echadme un pedazo de cuerda, y vuelvo a la superficie del Globo.