Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Al mediodÃa se emprendió de nuevo la marcha. La temperatura era baja, señalando el termómetro 32° bajo cero (—36° centÃgrados), en una atmósfera pura.
De repente, sin que nada pudiese hacer presagiar aquella variación súbita, se levantó de tierra un vapor en estado de completa Congelación, que alcanzó una altura de unos 90 pies y permaneció inmóvil. No se veÃa nada a un paso de distancia, y aquel vapor se pegaba a los vestidos, cubriéndolos de agudos prismas.

Los viajeros, sorprendidos por aquel fenómeno del frost-rime[32], no tuvieron más que un pensamiento: el de reunirse; por lo que empezaron a llamarse los unos a los otros.
—¡Eh, Simpson!
—¡Bell, por aquÃ!
—¡Señor Clawbonny!
—¡Doctor!
—¡Capitán! ¿Dónde estáis?
Los cuatro compañeros de viaje se buscaban con los brazos tendidos en medio de la inmensa niebla, que no dejaba percepción alguna a la mirada. Pero lo que debÃa inquietarles es que no se obtenÃa ninguna respuesta, como si aquel vapor hiera impropio para transmitir los sonidos.