Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Un iceberg! —Se dijo—. ¡Si llego a la cumbre, me salvo!
Y asà diciendo, se encaramó con una agilidad sorprendente a unos 80 pies de altura, y su cabeza se halló encima de la niebla helada, cuya parte superior parecÃa cortada con la mayor limpieza.
—¡Bueno! —dijo, y mirando alrededor, distinguió a sus tres compañeros sumergidos en aquel denso fluido.
—¡Hatteras!
—¡Señor Clawbonny!
—¡Bell!
—¡Simpson!
Los cuatro gritos partieron casi al mismo tiempo. El cielo, iluminado por un magnÃfico parhelio, despedÃa pálidos rayos que coloreaban el frost-rime a la manera de las nubes, y la cumbre de los icebergs parecÃa salir de una masa de plata lÃquida. Los viajeros se hallaban circunscritos dentro de un cÃrculo que tenÃa menos de 100 pies de diámetro. Gracias a la pureza de las capas de aire superiores debida a una temperatura muy frÃa, sus palabras se oÃan con una facilidad suma, y pudieron conversar desde lo alto de sus respectivos témpanos. Después de los primeros tiros, cada viajero, no obteniendo respuesta, comprendió que lo mejor que podÃa hacer era elevarse encima de la niebla.
—¡El trineo! —gritó el capitán.