Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —A ochenta pies debajo de nosotros —respondió Simpson.
—¿En buen estado?
—En buen estado.
—¿Y el oso? —preguntó el doctor.
—¿Qué oso? —respondió Bell.
—El que he encontrado, que me ha puesto en un gran apuro.
—¡Un oso! —exclamó Hatteras—. Bajemos, pues.
—¡No! —replicó el doctor—. Nos perderíamos otra vez, y volveríamos a las andadas.
—¿Y si acomete a nuestros perros? —preguntó Hatteras.
En aquel momento sonaron los ladridos de Duck, que salían de la niebla y llegaban fácilmente a los oídos de los viajeros.
—¡Es Duck! —gritó Hatteras—. Algo pasa. Yo bajo.