Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Zorras! —gritó Bell.
—¡Osos! —respondió el doctor—. ¡Uno, tres, cinco!
—¡Nuestros perros! ¡Nuestras provisiones! —gritó Simpson.
Una manada de zorras y de osos habÃa asaltado el trineo y causaba el mayor estrago en sus provisiones. El instinto de saqueo les reunÃa en un perfecto acuerdo; los perros aullaban con furor, pero los merodeadores no les hacÃan ningún caso y la escena de destrucción proseguÃa con encarnizamiento.
—¡Fuego! —gritó el capitán, descargando su escopeta.
Sus compañeros le imitaron. Pero al oÃr aquel cuádruple estampido, los osos, lanzando un gruñido cómico, dieron la señal de marcha; tomaron un trotecillo que ningún caballo hubiera podido seguir al galope, y, seguidos de la manada de zorras, desaparecieron muy pronto en medio de los témpanos del Norte.
