Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Durante la madrugada del 23 de enero, en medio de una oscuridad casi completa, pues la Luna era nueva, Duck habÃa tomado la delantera. Se le perdió de vista por espacio de algunas horas, lo que llenó de sobresalto a Hatteras, con tanto más motivo, cuanto que habÃa impresas en el suelo numerosas huellas de oso. No sabÃa el capitán qué partido tomar, cuando se oyeron fuertes aullidos.
Hatteras aceleró la marcha del trineo, y luego se encontró con el fiel animal en el fondo de un barranco.
Duck, en acecho, inmóvil como si hubiera estado petrificado, aullaba delante de una especie de cairn hecho de piedras calizas con cimiento de hielo.
—Lo que es ahora —dijo el doctor, quitándose las correas—, tenemos delante un cairn, aquà no hay engaño.
—¿Qué nos importa? —respondió Hatteras.
—Hatteras, si es un cairn puede contener un documento precioso para nosotros; acaso encierre un depósito de provisiones, y eso vale la pena de mirarlo.
—¿Y qué europeo habrá llegado hasta aqu� —dijo Hatteras, encogiéndose de hombros.
—A falta de europeos —replicó el doctor—, ¿no han podido los esquimales hacer un escondrijo en este punto y depositar en él los productos de su pesca o de su caza? ¿No es ésta acaso su costumbre?