Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Pues bien! Miradlo, Clawbonny —respondió Hatteras—. Pero me temo que os vais a llevar un solemne chasco.
Clawbonny y Bell, armados de azadones, se dirigieron al cairn. Duck seguÃa aullando con furor. Las piedras calizas estaban fuertemente cimentadas por el hielo; pero algunos azadonazos bastaron para echarlas abajo.
—Aquà evidentemente hay algo —dijo el doctor.
—Eso creo —respondió Bell.
Demolieron el cairn con rapidez. Luego descubrieron un escondrijo, donde habÃa un papel muy húmedo. El doctor se apoderó de él, con el corazón palpitante. Hatteras acudió, cogió el documento y leyó:
—«Altám… Porpoise, 13 dic… 1860, 12° longitud, 8° 25′ lat…».
—¡El Porpoise! —repitió Hatteras—. Yo no conozco ningún buque de este nombre que haya frecuentado estos mares.
—Es evidente —repuso el doctor— que algunos navegantes, náufragos tal vez, han pasado por aquà no hace aún dos meses.
—Es indudable —respondió Bell.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó el doctor.
—Proseguir nuestro camino —respondió frÃamente Hatteras—. Yo no sé qué buque es el Porpoise, pero sé que el bergantÃn Forward nos está esperando.